KOKANDA

KOKANDA

KOKANDA

Desde 1790 hasta 1876, la ciudad de Kokanda era la capital del extenso y poderoso janato de Kokanda. Su territorio formaba la mayor parte del actual Uzbekistán, y también Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán e incluía el sur de China. El janato fue gobernado por 29 gobernadores, pero la huella más brillante en la historia la dejó el último jan de Kokanda llamado Judayarjan. Él perdió el trono cuatro veces y las cuatro veces lo pudo recuperar.

A la construcción de Urda se le han dedicado muchos años y el trabajo de centenares de maestros – el edificio debió de eclipsar a Ark de Bujará, ya que Judoyarjan apostó todo para este objetivo, a pesar de vivir un período de conmociones, guerras y de disturbios que dejaron al trono colgando sobre un hilo. Cuando se levantó la ciudadela, ésta fue objeto de admiración de muchos turistas extranjeros. En la fortaleza, la estructura de columnas de la sala del trono fue sustituida por vigas, y para aquel entonces esto supuso toda una revolución. El techo estaba cubierto con el papel pintado de Kokanda, que era el centro de la producción del papel. El tamaño estándar de la una de papel era de un metro cuadrado, y sobre esta hoja, el pintor dibujaba su trabajo utilizando oro y tintes, y luego todo esto se pegaba al techo. En la actualidad, se han restaurado las pinturas y los pintores contemporáneos ya lo han repetido sobre el papel moderno.

Pero sorprende más el trabajo del tallado de madera. Las columnas esculpidas, la puerta con una incrustación chiné, a través de la cual, resplandecía la luz solar, surcos esculpidos,tablillas redondas que adornan los techos y que fue el objeto de orgullo especial de los habitantes de Kokanda. En todo Uzbekistán, las vassas simplemente se pintaban o dibujaban, y en Kokanda, se colocaba el dibujo sobre las tablillas. Con el tiempo, todo esto se perdió. Pero cuando surgió la pregunta sobre la restauración del techo de la terraza, los maestros se quedaron pensativos. En la esquina más lejana se ha conservado de milagro una única vassa esculpida, y gracias a ella, fue posible restaurar todo el techo. Este trabajo lo realizó el maestro Shamsuddin Umarov, un tallista de varias generaciones.

Esta dinastía tiene ya más de doscientos años. Todos ellos tienen sus premios y sus trabajos se encuentran en los museos de muchos países. Los maestros trabajan con el estilo «pargori» – el estilo más puro, más fino de corte, de pilotaje superior, por lo que no nos cabe ni la menor duda, por qué esta familia se dio el honor de restaurar las puertas y las columnas de Urda. Sus trabajos adornan hoteles, teatros, el circo de Tashkent y muchos otros edificios en Uzbekistán, y se encuentran en el museo de las artes aplicadas de Uzbekistán.